Venimos esta semana con el trasfondo de Age of Sigmar, ya muy cerca de la actualidad del juego. Las guerras del alma son la principal consecuencia del Necroseísmo. Mostramos los principales sucesos durante dicho conflicto.
Las Guerras del Alma
El inicio de las Guerras del Alma se distinguió por un caos absoluto. A raíz del Necroseísmo, innumerables espectros se alzaron desde la nada y desataron una ola de ataques salvajes y desorganizados. Estas huestes de Nighthaunt irrumpieron con furia en todos los rincones de los Reinos Mortales, pero lo hicieron sin coordinación ni liderazgo alguno. Así, gran parte de la fuerza inicial de aquel vendaval espectral se disipó en golpes inconexos y oportunidades perdidas.
En Phoenicium, los Stormcast Eternals que defendían la ciudad fueron aniquilados, pero en lugar de arrasar el enclave, los espíritus se conformaron con sembrar terror entre la población. Vandium estuvo al borde de sucumbir cuando los Nighthaunt asaltaron sus muros, pero la falta de un ataque combinado evitó su caísa. Desde los puertos celestes de los Kharadron Overlords hasta las oscuras ciudades submarinas de los Idoneth, los espectros se multiplicaban en ataques frenéticos, aunque rara vez lo bastante organizados como para arrasar por completo a sus víctimas.
Consciente de que el ímpetu de sus legiones se diluía, Nagash decretó que era necesario un nuevo Mortarca que encauzara a los Nighthaunt y los guiara hacia la victoria.
El Necroseísmo, además, desató un segundo efecto colateral: un aumento brutal de la energía arcana que impregnaba los Reinos. La magia fluía ahora con mayor intensidad y los hechiceros podían moldearla con una facilidad inédita. Este fenómeno fue bautizado por el Collegiate Arcana como el Arcanum Optimar. Pronto aparecieron conjuros jamás vistos, capaces de condensar el poder de los Reinos y permanecer activos sin desvanecerse como lo hacían los hechizos convencionales. Nacieron así los Hechizos Permanentes, entidades de magia viva que podían devastar ejércitos, alterar el terreno de batalla o conceder dones extraordinarios… aunque a un precio terrible. Pues una vez invocados, escapaban a menudo del control de sus creadores, convirtiéndose en fuerzas errantes que atacaban sin distinción o vagaban por los Reinos dejando destrucción a su paso.
Pero no todos recibieron con entusiasmo este auge mágico. Khorne, el dios de la Sangre y la Guerra, lo tomó como una afrenta intolerable. El odio de Khorne hacia la hechicería era antiguo y absoluto, y el que los magos obtuvieran semejante poder fue visto como una provocación directa. A quienes se entregaban a esta causa, Khorne empezó a recompensarles con sangrientos dones, siempre que las muertes fueran brutales y espectaculares.
Uno de los primeros en recibir tales bendiciones fue Lakshar Bloodspeaker, Slaughterpriest de la Goretide. El dios de la sangre hizo brotar ante él un Altar de Huesos. Allí, Lakshar degolló al líder de los cultistas y, en ese instante, presenció la primera de las temibles manifestaciones conocidas como los Juicios de Khorne. Desde entonces, los sacerdotes del dios de la guerra aprendieron a invocar Altares de Huesos, desde los cuales podían enviar ofrendas directamente al Trono de Cráneos y recibir a cambio terribles bendiciones. Asimismo, se les concedió el poder de desatar los Juicios de Khorne, encarnaciones físicas de la rabia divina, que recorrían los campos de batalla segando vidas en un frenesí de odio imparable.
El ascenso de Lady Olynder
Nagash halló en Lady Olynder a la figura ideal para ocupar el puesto de Mortarca. En vida había sido la gran dama de Dolorum, un antiguo reino de Shyish, célebre por su belleza y su habilidad para gobernar a través de la intriga, la manipulación y la seducción. Siempre escondida tras un velo de falsas lágrimas, jamás sintió la pena que fingía. Al morir, el Gran Nigromante la condenó a cargar con el peso de todas las tristezas de los Reinos Mortales, vagando eternamente por el lugar que una vez dominó.
Siglos después, cuando Nagash regresó, encontró a Olynder de nuevo en el poder. Gracias al aura de aflicción que desprendía, había sometido a los espíritus que se alzaron tras el Necroseísmo y reducido a los vivos a un terror paralizante. El Señor de los Muertos comprendió al instante que había encontrado en ella tanto a una sirviente leal como a una maestra del miedo, el arma perfecta para guiar a sus nuevos ejércitos espectrales.
Desde Nagashizzar, Lady Olynder convocó a las legiones de Nighthaunt y las organizó en una ofensiva masiva que se expandió por todos los Reinos Mortales. Su estilo bélico era tan etéreo como demoledor: emboscadas, movimientos envolventes y ataques súbitos. Estas huestes no conocían el hambre ni el descanso, y se desplazaban con una rapidez imposible para cualquier ejército mortal. Los resultados no tardaron en llegar:
Las principales Ciudades Libres fueron sitiadas. En Morlaix, Olynder derrotó al Lord-Celestant que defendía la plaza. En la Tercera Batalla del Barranco del Traidor, el Barón Morbosi conquistó el Portal del Reino Calcificado, y en las Montañas Mausoleo, una fuerza espectral logró expulsar a los Stormcast que custodiaban la región. Incluso las indomables fortalezas de los Fyreslayers, que habían resistido durante siglos los embates de la Era del Caos fueron cayendo una tras otra.
Los Sylvaneth de Alarielle, que aún se recuperaban del Necroseísmo, se vieron forzados a replegarse ante los numerosos asaltos de los Nighthaunt, reduciendo sus campañas contra Nurgle, los Skaven y las Bestias del Caos, lo que permitió a estos enemigos recuperar terreno.
La propia Olynder dirigió una campaña en Lyria, corazón de las Tierras Interiores Primas de Shyish. La Ciudad Libre de Forjaglymm apenas logró resistir el asedio. En la batalla final de aquella guerra, estuvo a punto de ser destruida por el Devorador de Almas Khazkhan, sobreviviendo solo gracias a la llegada de Arkhan el Negro y del propio Nagash.
El desarrollo de la guerra
Las incesantes ofensivas de los ejércitos espectrales provocaron una reacción en cadena en todos los Reinos Mortales, elevando la guerra a una escala sin precedentes:
Sigmar, consciente de la amenaza desatada por el Necroseísmo, liberó por fin a las Cámaras Sacrosantas, compañías de élite de Stormcast entrenadas en los misterios arcanos y hasta entonces dedicadas a custodiar los secretos de la reforja. Ordenó además la Cruzada de la Resurrección, enviando a cincuenta y cinco Huestormentas a recuperar las Tierras Interiores Primas de Shyish.
Alarielle, harta de las pérdidas sufridas, volcó su furia en un canto de guerra que duró un día y una noche. De él nacieron los Arch-Revenants, nuevos campeones Sylvaneth preparados para liderar a su pueblo en la batalla. Con ellos, los espíritus de Ghyran retomaron la ofensiva, logrando victorias en lugares como Deftwoad y Kurnotheal, y llevando la guerra a enclaves estratégicos como los Bosques Verdural, el Monte Viviente de los Picos Lamentadores y los Jardines Flotantes de Humidia.
Khorne, encolerizado por la marea de no-muertos, lanzó innumerables legiones a Shyish. Sus mayores triunfos se dieron en la Campaña de Hallost y en los alrededores de Gothizzar, aunque no todas sus empresas tuvieron éxito. Korghos Khul, ansioso por recuperar su antiguo poder, desató el Orbe Infernia sobre el Gran Erial, aunque sus enemigos lograron invertir el conjuro y expulsarlo. Aun así, Khul sobrevivió a los intentos de traición de sus rivales y regresó con renovada fuerza.
Las Bestias del Caos marcharon en número incalculable hacia Shyish, movidas por oscuros designios. Los sabios de Azyr temieron que pretendieran transformar el Nadir de Shyish en la mayor Piedra de Manada jamás vista.
Los Skaven, siempre oportunistas, aprovecharon el caos para saquear y conquistar. Destacaron el ataque de Thanquol contra el puerto aéreo de Barak-Nar y la brutal invasión de Nautilar, donde una flota de sumergibles del Clan Skryre sembró la destrucción entre los Idoneth.
La influencia de la Luna Malvada creció con la extensión de la guerra, arrastrando a las tribus Gloomspite a emprender campañas cada vez más feroces. En Ayadah, el siniestro Skragrott, el Loonking, lanzó una ofensiva contra los Sylvaneth de Neith’y’Ghallich, con el objetivo de reclamar para sí el poderoso artefacto conocido como el Prismaespejado.
Los conflictos y las guerras son el pan de cada día en los juegos de Games Workshop. Disfrutad del comienzo de septiembre y suerte con los dados.




